
Una aventura con Don Goyo
15 de mayo de 2017
Por: Marisol Flores Flores
Puebla, pue. El Popocatépetl es uno de los volcanes más activos del país por lo que se ha vuelto un ícono mexicano del que muchos tienen curiosidad por conocer.
El “popo” es el segundo volcán más alto de nuestro país, cuenta con un clima fresco y muy templado aunque en invierno la nieve cubre toda la toda la cima por lo que se vuelve un lugar demasiado frio. En las partes altas del volcán se pueden encontrar bosques de pino, oyamel, encino, madroño, palo blanco, cipreses, cedros blancos y rojos. En la parte baja pastizales y todavía mucho más abajo gramíneas, zarzamora, fresa y tejocote. Este lugar es demasiado rico en naturaleza ya que también habitan animales como gallinas de monte, halcones, cuervos, águila, gavilán, paloma de collar, coyote, tejón, zorrillo, ardillas y algunos reptiles.
Existen más de 25 millones de personas que viven a unos 100 km de distancia como lo es San Pedro Benito Juárez una comunidad indígena donde los habitantes no le temen a “Don Goyo”, así lo llaman en esta comunidad ya que cuentan el volcán en realidad es una persona que de vez en cuando baja a las orillas a vigilar que todo esté en orden con su vestimenta, es decir con los árboles que cubren toda la parte de abajo del volcán, además las personas cuentan la historia de un amable viejecito que siempre se podía ver entre los arboles del monte, este hombre al que todos llamaban “Don Goyo” siempre estaba alegre y contaba historias maravillosas con un sombrero en la cabeza, vestimenta de color blanco y con un cigarro en mano aconsejaba a las personas como amar y cuidar la naturaleza. Este anciano aseguraba que si el volcán era respetado, entonces siempre se encargaría de que haya clima favorable para las cosechas y buenos vientos, tiempo después no se volvió a ver al anciano, solo algunos cuentan que lo han llegado a ver en sueños y muy pocos en persona, sin asegurar si es realidad o producto de su imaginación así lo menciona la señora Rebeca Flores habitante de esta comunidad quien además dice que el volcán es para ellos un protector debido a que cada vez que comienza a lanzar material incandescente jamás les ha hecho daño.
Existen distintas leyendas acerca de este personaje, tal como la leyenda de los volcanes el cual dice que hace miles de años cuando el Imperio Azteca estaba en su esplendor y dominaba el Valle de México, como práctica común sometían a los pueblos vecinos, requiriéndoles un tributo obligatorio. Fue entonces cuando el cacique de los Tlaxcaltecas, enemigos de los aztecas, cansado de esta terrible opresión, decidió luchar por la libertad de su pueblo. El cacique tenía una hija, llamada Iztaccíhuatl, era la princesa más bella quien le entregó su amor al joven Popocatépetl, uno de los más apuestos guerreros de su pueblo. Ambos correspondían ese amor, por lo que antes de partir a la guerra, Popocatépetl pidió al cacique la mano de la princesa Iztaccíhuatl. El padre accedió gustoso y prometió recibirlo con una gran celebración para darle la mano de su hija si regresaba victorioso de la batalla. El valiente guerrero aceptó, pero al poco tiempo, la mujer abatida por la tristeza murió, cuando el Popocatépetl regresó se dio cuenta de la noticia, entristecido vagó por las calles durante varios días y noches, hasta que los dioses decidieron mantener ese amor eterno convirtiéndolos a ambos en montañas.
De igual forma estas personas sienten cierto afecto debido a que gracias al popo “tienen todo” pues la economía que se maneja en esta comunidad es por la gran naturaleza que este les ofrece, como abono de árboles de encino utilizado para las plantas, carbón y madera, productos que venden en el centro del municipio de Atlixco. Es por ello que la gente de esta comunidad no abandona sus hogares cuando está en actividad, no importa si se observe lava en la cima o arroje piedras “Ya estamos acostumbrados, a veces llega gente de otro lugar y solo con verlo se espanta, para nosotros es normal verlo sacar humo o escucharlo hacer ruidos”
Se ha registrado actividad fumarólica del volcán partir del 21 de diciembre de 1994 y en estos 19 años ha tenido etapas intensas y explosivas. Sus cenizas han alcanzado distintos lugares de la republica sin embargo esto no es impedimento para que las personas cercanas a él le teman, tanto que muchas veces en su mayoría jóvenes se han atrevido a escalarlo hasta llegar al cráter, pese a la prohibición que protección civil sugiere cada año grupos de personas se organizan para llegar a este objetivo (el Popocatépetl).
Después de todo, ¿qué de peligroso tiene? Eso es lo que personas de este lugar dicen, tal es el caso de Gustavo Aguilar uno de los valientes jóvenes que ha logrado bajar unos metros del cráter, aunque suena demasiado peligroso estas personas arriesgan la vida por vivir una experiencia que pocos se pueden atrever a realizar.
“No hay por qué espantarse, don Goyo no hace nada mientras tú le lleves un cigarrito o una botella de licor se lo dejas y le avisas que solo vas de visita” así lo menciona Gustavo, y es que este ritual es utilizado desde generaciones anteriores pasando esta tradición a los que quedan. Las grandes montañas que existen en sus faldas, los grandes árboles que se mueven de un lado a otro, la convivencia entre amigos y sobretodo vivir la experiencia es lo que motiva a esta gente a seguir este rumbo.
En todos los casos se trata de una actividad que hasta cierto modo es controlada por ser personas conocidas, en este pueblo es poco probable que les levante algún tipo de multa ya que la señora Rebeca dice confían entre unos y otros pues saben que cualquier gente de San Pedro Benito Juárez conoce a la perfección las rutas para escalar, dice existen más de cinco rutas para llegar, “Dependiendo la vereda que tomes es el tiempo que te vas a hacer, unos se hacen 5 horas los que van rápido unas 8 horas” No descartan lo peligroso que puede ser realizar esto ya que bien saben que al llegar al cráter se desprenden sustancias químicas que pueden ser tóxicas para el hombre, por ello se preparan con dulces para mantener la boca húmeda ya que por el frío y la sofocación puede resecarse, limón en caso de mareos y nauseas, ajo para no oler el azufre que desprende el cráter y alcohol para cualquier situación de salud.
Para los amantes de la naturaleza y actividades extremas esto no es más que un pasa tiempo, pues gozar de los hermosos paisajes que ofrece este lugar es para “valientes”; el poder disfrutar del aire limpio y frío de la montaña es algo que enriquece el cuerpo y el espíritu.
Si bien es cierto que cada quien toma sus decisiones y que en el montañismo es muy común correr riesgos, se nota que en esta comunidad los miedos se dejan por otro lado y se arriesga a tomar aventuras extremas. Muchas veces estos grupos no van en busca de que se les reconozca el hecho de haber escalado al Popocatépetl, sino la satisfacción de sí mismos por encontrar la diversión que no cualquiera puede tener.
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